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CRIMEN SIN FRONTERAS
Por: Alejandro Heredia
En una de las innumerables conferencias que se organizan con el objetivo de hacer frente a las organizaciones internacionales abocadas a delinquir, la cual llevó por nombre “La Criminalidad Internacional en el Siglo XXI”; se clasifican como flagelos delictivos los siguientes actos ilícitos: tráfico ilícito de drogas y seres humanos, el blanqueo de dinero, la violación de los derechos del autor y de la propiedad industrial y el terrorismo. A lo anterior podríamos añadir el tráfico de armas, de influencias, y los demás derivados de invasiones ilegales a un país soberano. CRIMINALIDAD INTERNACIONAL
Pero para señalar más la médula que el pellejo, es necesario cuestionarnos sobre los diferentes episodios que engloba esta lucha en contra del crimen, y sus principales paladines autonombrados. Para nadie es un secreto, en muchas ocasiones detrás de los grandes capos se encuentra el poder político inmiscuido; y en otras todo el aparato de Estado, incluyendo las diferentes capas sociales (Ejemplo: México).
Echemos un vistazo al tráfico de drogas: personajes connotados de la educación universitaria así como funcionarios de diversas fundaciones no gubernamentales en derechos humanos han señalado las ingentes cantidades de dólares cotizando en la Bolsa de Valores de Nueva York (Wall Street) provenientes del tráfico de estupefacientes americano. El verdadero problema no radica en el hecho del consumo estadunidense de drogas sino el sistema inquisitivo que se ha montado en contra de los países productores. Sometiendo a un análisis el asunto desde el punto de vista económico, el tráfico de drogas es una actividad tan atractiva dados los altos ingresos que se obtienen debido a su prohibición. Sin embargo, la política estadunidense se ha enfocado hacia la punibilidad del tráfico de drogas, al igual de utilizar esto para apalancar sus nada diplomáticos procedimientos de explotación hacia las economías latinoamericanas. Podríamos mencionar muchos casos desde la Guerra de los Boxer en la China del Siglo XIX, hasta el renacimiento del tráfico de opio en Afganistán, después de la invasión aliada de 2002. Sírvenos como ejemplo lo anterior, para señalar lo apuntado por Michel Foucault: la sociedad moderna se ha valido del derecho para sancionar los actos que están fuera de su interés convalidar, esto ha venido a posibilitar todo un sistema impositivo el cual consolida el sistema capitalista de dominación. Sin hacer juegos marxistoides es oportuno hacer notar, las diferentes concepciones pragmáticas que legitiman prácticas alienadoras: desde la Ley de los Grandes Números, hasta las investigaciones biológicas que se realizan en hormigas. Todo apunta hacia que, como decía Hanna Arendt, el totalitarismo llegó para quedarse. Y éste Big Brother necesita de un brazo ejecutor sin ser portador de legitimidad. El futuro del combate a la criminalidad internacional radica en la discriminación del enemigo a vencer, por razones tácticas o por cuestión biométrica.
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